Home | 23 de Abril de 2017 | La Habana, Cuba

Essay and Thought

Dos siglos de emancipación e independencia en el Caribe

La espléndida celebración del bicentenario del inicio de la gesta libertaria contra el colonialismo español en la parte sur continental del Nuevo Mundo, la sacudida de las ataduras coloniales, vista desde una perspectiva hemisférica, constituye un digno homenaje a uno de los procesos históricos más deslumbrantes del último medio milenio. La Europa renacentista, la que fue testigo con asombro y pasmo del ensanchamiento infinito del universo –cósmico y terráqueo--, encadenó a sus designios al Nuevo Mundo. Lo hizo desde la creación de las más variadas formas de sometimiento humano y territorial y sobre estructuras sociales y ambientales de una diversidad insospechada. Por consiguiente,  las sociedades emergidas en el Nuevo Mundo fueron creaciones metropolitanas de una diversidad inasible.

Aunque las líneas disponibles no son suficientes para explayar la explicación del complejo y diverso proceso de la independencia en el Caribe -puerta de entrada de europeos, africanos y asiáticos al Nuevo Mundo- si deberán ser apropiadas para, al menos, esbozar el itinerario conceptual para el estudio de las particularidades y regularidades de un proceso que por desatendido por la academia no deja de tener una notable relevancia. El terreno en el que fructificaron las nociones de emancipación personal y colectiva, nación y nacionalidad, independencia política y económica y revolución, fue tan diverso como lo fueron las cuatro metrópolis europeas que configuraron sociedades dependientes en el Caribe. Por eso conocer los diferentes patrones de dominación colonial son básicos para entender la expresión de la ideología independentista en el Caribe. Pero una noción de lucha por la independencia en el Caribe no puede seguir desconociendo que en el Nuevo Mundo, incluido el Caribe, parte de esa lucha lo es la resistencia al dominio colonial tanto de los pueblos originarios, de los africanos esclavizados, como de la elite criolla. Sólo reconociendo esa tan esquivada verdad histórica es posible entender en plenitud los orígenes, agentes y repercusión de la Revolución Haitiana.

Se impone reconocer que no sólo con la revolución anticolonial del continente tuvo la Revolución haitiana profundos vínculos. Por suerte ya existe un punto de partida para el estudio de su impacto en el resto del Caribe en los libros editados por la Universidad de las Indias Occidentales en Trinidad y Tobago, con parte de los estudios presentados en el congreso académico que bajo el título de “Reinterpretando la Revolución de Haití y sus impactos culturales”1 rindió un significativo homenaje al bicentenario de  la epopeya haitiana y puso sobre la mesa estudios relevantes sobre su repercusión en el resto de las islas poseídas por España, Inglaterra, Holanda y Francia, explicativos de la génesis de la concertación de políticas para, simultáneamente, reprimir cualquier intento de imitación y para barrer a los rebeldes.

Un verdadero mosaico de políticas contrarrevolucionarias se apoderó del Caribe colonizado. Inglaterra preparó la abolición de la esclavitud (1834-1838) asegurándose de garantizar la lealtad de los emancipados –fundamento de la estabilidad social en la posemancipación-- a través de promesas de cumplimiento de las expectativas acariciadas durante la esclavitud (posesión de un pedazo de tierra, salarios decorosos, acceso a condiciones decorosas de sanidad y educación), la utilización de los sirvientes escriturados asiáticos como agentes de fragmentación y de la difusión del credo de que la libertad individual era una dádiva concedida por la generosa majestad. Los franceses, menos sofisticados que los británicos, debieron implementar la abolición de la esclavitud; pero recurrieron a la fijación de los ex-esclavos a las plantaciones a través de un sistema de control de la movilidad de estos. La abolición de la esclavitud en las posesiones holandesas estuvo signada por lo exiguo de su magnitud. Debido a la extrema pequeñez del territorio  o a la aridez de sus suelos las islas no fueron apropiadas para la expansión de grandes plantaciones azucareras; mientras que  la posesión en parte continental, localizada en las estribaciones de la selva amazónica, fue el refugio ideal para los esclavos fugados de las plantaciones. El caso extremo fue el de España y no por terquedad, sino por la incapacidad de la economía metropolitana de asumir sus posesiones coloniales en el Caribe como talleres complementarios a una producción industrial inexistente. Por eso, la resistencia esclava y la frustración de la obtención de reformas políticas demandadas por la elite criolla posibilitaron la participación en una guerra por la independencia a esclavistas y esclavizados. Tras una década de sangrienta lucha no se había logrado la independencia del colonialismo, pero la esclavitud quedó lo extraordinariamente maltrecha. Por eso la fecha del certificado de defunción, 1886, no puede ocultar el estado de coma que esa institución experimentaba desde 1868. El caso de Puerto Rico es semejante al cubano; mientras que la posesión española en la isla La Española --Santo Domingo— se había independizado en 1865.

Las condiciones en las que tuvo lugar la abolición de la esclavitud en el Caribe –sin derechos económicos, políticos y sociales para los recién emancipados— sirvió de fermento a reiteradas revueltas sociales. Su crecimiento fue tal que la repercusión en las empobrecidas economías del Caribe de la crisis económica de 1929-1933 provocó una “revolución” en la región. Así lo calificaron las comisiones enviadas, por ejemplo, por los Estados Unidos e Inglaterra a examinar las causas de la gravedad de la conmoción social en las respectivas posesiones caribeñas. Así la década de 1930 fue una década crítica en la que conciencia nacional, nacionalismo, antimperialismo, independentismo, revolución intelectual fueron los factores que configuraron la nueva fisonomía del Caribe. Desde entonces todos los ensayos imperiales –reformas constitucionales, intervenciones militares, políticas de desarrollo económico, etc.-- para preservar el carácter dependiente de la región han mostrado tercamente su ineficacia.

Sin en el siglo XIX fue suficiente la concesión de la emancipación individual y sólo cuatro de los territorios alcanzaron de algún grado de independencia  --Haití república independiente, Cuba república independiente con reconocidos derechos constitucionales de Estados Unidos, República Dominica con sus aduanas bajo control estadounidense y Puerto Rico estado libre asociado--, la década de 1930 marcó el predominio de la exigencia de la emancipación colectiva. En 1946 Francia respondió a esta demanda con la controvertida declaración de departamentos de ultramar a sus posesiones caribeñas. Como Haití en los albores del siglo XIX, en la medianía del siglo XX Cuba igualó la bravura haitiana enfrentando al mayor poder económico, militar, ideológico y político de la Historia. Inglaterra dio muestra, una vez más, de su capacidad para evadir la confrontación violenta con la concesión, a partir de 1962, de la independencia a una parte de sus posesiones en el Caribe en el marco de una mancomunidad, lo que estableció un punto de giro en su política colonial. Holanda concedió la independencia a algunas de sus colonias caribeñas a partir de 1985. Antiguas posesiones francesas, inglesas y holandesas aún son colonias a las que se añaden las tuteladas por los Estados Unidos.

La comprensión de tan complejo resultado en el proceso de independencia en el Caribe deberá atender a los rasgos más sobresalientes de sus sociedades, tales  como el papel de clase, raza y género en la formación de las estructuras sociales; la estructura sectorial de la fuerza de trabajo --burguesía nacional, burguesía extranjera, clase media, obrero, campesinado, trabajadores informales, lumpen proletariado-ejército industrial de reserva, etc.--; el origen y características de los sindicatos y partidos políticos; todos estos asunto son parte de las cuestiones que permitirán poner en claro –como imperativo de la proyección del futuro de la unidad caribeña— lo universal y lo singular del inacabado proceso de independencia en el Caribe.

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