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Diálogos y Entrevistas

Cine y civilización caribeña

Entrevista con Rogelio Martínez Furé

Cine y civilización Caribeña
ENTREVISTA CON ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ
ENERO 2012

     
Anabel Fernández Santana

El Folklorista Rogelio Agustín Martínez Furé es uno de los más relevantes especialistas en Etnología y Folklore  de Cuba y el Caribe, fundador  del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba. Con hablar pausado y profundo, canta con voz de sabio sus verdades  sobre nuestra región.

 ¿Cómo definiría Furé el Caribe?
El Caribe  yo lo considero el centro geográfico y cultural de América; el punto de encuentro y de partida de casi todas las etnias y culturas del mundo. Fue en el Caribe donde tuvo lugar el primer encontronazo entre lo que hoy llamamos América y Europa. Fue en el Caribe donde se inició el exterminio de las poblaciones autóctonas de nuestro continente. Fue en el Caribe donde se inició el cautiverio de los africanos y las africanas. Y por supuesto, fue en el Caribe donde se inició la lucha en contra de la dominación colonial europea  y también donde, gracias a los cimarrones y sus palenques, se mantuvo durante más de cuatro siglos el espíritu de rebeldía que luego incendiaría nuestro continente. También es en el Caribe donde tuvo lugar la primera revolución protagonizada por cautivos que alcanzó la libertad, estableciendo el primer estado independiente fundado por afro descendientes. También es en el Caribe donde se inicia la experiencia de la construcción de una sociedad socialista. Pero el Caribe  no se limita solamente a las tierras que bordean este, nuestro mar, o a sus islas, sino que es, además, un concepto civilizatorio. Podemos hablar de un gran Caribe que se extiende más allá de las tierras donde el Mar de las Antillas o Mar Caribe tiene sus costas. Podemos considerar que el Caribe también está en el nordeste de Brasil,  o en áreas de la América del Pacífico, como son las costas de Colombia; Esmeralda, en Ecuador y hasta puntos de Perú. Por lo tanto, el Caribe, más allá de un espacio geográfico, es sobre todo una civilización y una concepción de vida que nos distingue, dentro de esta compleja realidad de nuestro continente americano.

¿Qué espacio tiene el Caribe en el imaginario de los cubanos de hoy?
Todavía desafortunadamente hay muchos cubanos que ignoran que son caribeños y padecen de la monomanía de seguir considerándose casi europeos en el exilio. Afortunadamente, hace décadas que estamos luchando, tanto desde el punto de vista político, como cultural y económico, en hacer conscientes a todos los cubanos de que somos parte fundamental del Caribe, de que el Caribe es parte de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Somos caribeños reyoyos y seguiremos siéndolo y es precisamente esa caribeñidad lo que nos define y nos hace lo que somos. Cuba es un eslabón más en esta cadena extraordinaria de pueblos y de culturas que constituyen lo que yo llamo la civilización caribeña, que se expresa a través de culturas nacionales distintas y de lenguas disímiles, pero que implica una historia común, un presente común y un futuro común.

 ¿Cuál es la importancia del cine autóctono caribeño para la construcción de la identidad regional? ¿Por qué?
Yo creo que el cine es el arte que puede contribuir con mayor eficacia a la toma de consciencia identitaria de nuestros pueblos, de su diversidad dentro de una unidad fundamental caribeña. Eso va a permitir que cada pueblo vea  a los habitantes de las otras islas o de las costas que dan al Caribe o de estas otras áreas de la América continental que yo también incluyo en el concepto de Gran Caribe, viéndose a sí mismo, identificándose con sus modos, con sus maneras, con sus hábitos alimentarios, con sus creencias y supersticiones, con su manera particular de hablar, con su psicología, con su sensualidad y su erotismo. Me parece que le cine es el vehículo más directo, más expedito porque la imagen y el sonido son los medios más eficaces para aprehender la realidad. Es una manera extraordinaria de conocernos mejor, de asumirnos en nuestra diversidad, una diversidad que es complementaria. Tengo grandes esperanzas en que el cine de nuestra región siga desarrollándose, pero que siga desarrollándose si copiar estereotipos que nos ha impuesto el cine de otras áreas de dominación cultural que nos tienen como un espacio de exotismo y de superficialidad, sino la verdadera imagen de nuestro mundo caribeño, los valores más profundos de nuestra civilización  y de nuestros pueblos. Me parece que es fundamental, debemos huir del auto-exotismo. Debemos mostrar un rostro verdadero de nuestra realidad caribeña y no seguir copiando los estereotipos que nos lanzan Europa y América del Norte capitalista,  como ocurre muchas veces en filmes que uno ve y se pregunta ¿Dónde se está desarrollando? ¿En algún área del mediterráneo? Porque no parece Cuba. Y es que yo no me veo representado ahí, ni por la temática ni por los tipos que aparecen representados.  Yo creo que hay que insistir más en que el pueblo de Cuba se vea reflejado en esas películas, pero el verdadero pueblo de Cuba, con su diversidad étnica, con su diversidad cultural,  con su diversidad antropológica.  Yo creo que eso hace falta en todas las áreas de nuestro mundo caribeño: que se refleje con más profundidad y con más autenticidad lo que es el ser reyoyo caribeño.

¿Qué criterios le merece la Muestra Itinerante de Cine del Caribe?
Yo creo que es maravilloso. Me parece que es un esfuerzo que ya está dando frutos, porque está develando esos rostros hasta ahora desconocidos por la balcanización de la que hemos padecido durante siglos. No olvidemos que las antiguas metrópolis que nos explotaron y que nos siguen explotando, en muchos casos hasta el presente, han intentado siempre que no nos asumamos como una unidad civilizatoria, sino que sigamos dependiendo de París,  de Madrid, de Londres o de Ámsterdam (…) dentro de una balcanización que ha sido uno de los objetivos de la dominación colonial y neocolonial. Me parece que esta experiencia de Cine Itinerante va rompiendo barreras, abriendo rutas de comunicación y vasos comunicantes entre nosotros los caribeños, los hijos e hijas de esta extraordinaria civilización. A pesar de estos intentos de que no nos reconozcamos, cada vez más a nivel mundial se reconoce y se asume el Caribe como una realidad única e irrepetible. Somos fruto de todas las culturas y de todas las etnias del mundo que han llegado aquí, se han yuxtapuesto, se han fusionado y se han excluido en un proceso dialéctico de toma y daca constante. A pesar de todos los obstáculos, de todos los enfrentamientos clasistas, racistas y de todas las tensiones y contradicciones, nosotros, los hijos de los pueblos caribeños y me atrevo a decir los hijos del pueblo caribeño, tenemos consciencia de nuestra identidad y nuestro destino histórico único. Por eso luchamos y hemos luchado durante décadas a través de las artes, de la literatura, del cine y de los contactos interpersonales y me parece que estamos avanzando. El Caribe es como un rio de aguas siempre renovadas que al final desemboca en el océano de la humanidad. Es un área de encuentro y de eterna partida. Eso también es una constante: llegamos con nuestros antepasados de todas partes, de América continental, de Europa, de Asia, de África y hasta de Oceanía y nos hemos mezclados, nos hemos yuxtapuesto, hemos coexistido y de aquí hemos partido otra vez hacia los 20 puntos cardinales. Y esa dinámica de la eterna migración, del eterno viaje también es una constante de la civilización caribeña. Vamos a encontrar caribeños en Ámsterdam, en Helsinki,  en Londres, en Paris, en Johannesburgo, en Sídney, en Tokio, en Quebec, en todas partes. Y ahí vamos con nuestra música, con nuestra danza, con nuestras religiones. Este es un aspecto importante: las religiones caribeñas, derivadas de las antiguas religiones africanas, cada vez se expanden más por todos los continentes. Nuestros hábitos alimentarios también van ganando espacio, como nuestra literatura. Se trata tanto  de la cultura erudita como de la cultura de la oralidad, que puede expresarse en castellano, o mejor dicho, en la variante caribeña del español, en francés, en creole, en inglés, en papiamento, en holandés, no importa. No importa en qué lengua de las antiguas metrópolis o en las que hemos cimarroneado y hemos vuelto criollas. En cualquiera de esas expresiones lingüísticas tanto orales como escritas, exaltamos este privilegio de ser caribeños.

 

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